Después de meses desaparecida en combate, vuelvo, o esa es mi intención si el tiempo deja de jugar en mi contra. Tan rápido y fugaz.
En estos meses me han surgido cambios que obligaban a un inciso en algunas facetas de mi vida. Mi faceta deportista, mi faceta bloguera, etc...
Me he vuelto a mudar, a una casa que estaba vacía y que he tenido que acondicionar, acondicionando a su vez una nueva etapa en mi vida, acompañada.
A parte, algo que parecía imposible, ha sucedido... me he sacado el carné de conducir. Tengo mi L... sudor que me ha conseguido y dos exámenes prácticos...
Volveré con la segunda parte del relato... que tengo escrito y guardado para la ocasión.
domingo, 26 de julio de 2009
sábado, 17 de enero de 2009
La pálida luz azul (I)

Por las noches se despierta empapado de sudor. De ese sudor frío que hace que se peguen la sábanas al cuerpo. Es incómodo, despertar de este modo junto con el regusto amargo de las últimas imágenes del sueño que le hizo gritar y abrir los ojos.
Siempre igual. Su cuarto oscuro y con una niebla ligera. No consigue enfocar bien la vista pero se levanta de la cama y sale de su cuarto guiado por esa tenue luz mortecina que se cuela através del pasillo en dirección al salón. Anda hacia la luz pero el camino es demasiado largo, y lo que debiera ser una línea recta, se torna en espiral. Levemente se percibe una especie de zumbido. Cuando por fin gira la esquina que da al salón, ahí esta él... su silueta vestida con traje de chaqueta recorta la luz azulada y enfermiza, mientras el zumbido que antes apenas era audible penetra en el oído como una daga punzante directa al cerebro. La siguiente imagen es un primer plano de la cara del ser. No tiene ojos ni nariz, tan solo se intuye una especie de abertura antinatural donde supuestamente estaría la boca.
"Cuándo esperas sacarme a bailar?"
Y entonces es cuando la inquietante figura empieza a contornearse arrítmicamente, usando de forma irreal las articulaciones, doblándose hacia los lados y en círculos bajo una melodía de flautas absurda y lejana que debe llegar de esas profundidades abisales conocidas como el infierno.
Ahí no puede más y el horror le hace, gracias a dios, despertar de esa abominable pesadilla.
...
Fran lleva una vida tranquila, nada fuera de lo convencional, sin demasiadas complicaciones. Tiene un trabajo estable medianamente bien pagado y una novia que lo quiere mucho. Dentro de un año se casan, así lo han decidido. Diría incluso que su estado se puede catalogar como "felicidad"... pero cuando llega la noche tiene miedo de ir a la cama. Siente ese algo que da escalofríos ahí, en la nuca, mientras se va poniendo el pijama y acurrucándose en la cama.
"Eso me pasa por irme a vivir solo, cuando la noche cae es fácil sugestionarse."
Pero por mucho que trata de convencerse, estas palabras dichas a sí mismo no le ayudan demasiado, y noche tras noche se repiten esas imágenes, siempre las mismas, y noche tras noche se despierta empapado en sudor con el terrible presentimiento de que algo falla.
viernes, 12 de diciembre de 2008
El Camino

Llevaba ya un tiempo sintiéndose extrañamente vacío. Por las mañanas despertaba como con el pecho hueco, repleto tan solo de una negrura inconmensurable. Es joven aún, pero en el paso de estos últimos años, el hueco se siente cada vez más como una punzada… cada vez más intensa.
Todos los días dedica un rato para preguntarse qué es aquello que le falta, que es aquello qué le hace sentir así. Mira a su alrededor y se pregunta si el resto siente lo mismo que él pero en sus ojos no ve la respuesta. No sabe si les pasa que en la rutina del día a día se siente como el alma se revuelve dentro, incómoda por estar sintiendo que se pasan las horas sin aprovechar, vacías, huecas como ese agujero que tiene en su pecho, y todo a pesar del ritmo frenético declarado abiertamente en su entorno, a pesar de su trabajo que le absorbe pero que a cambio no le da nada que le haga sentir satisfecho, a pesar de esas tardes disfrutando del ocio enlatado del que nos abastece la gran ciudad, aquello supuestamente divertido que, en contraposición, le hace sentir como tiempo que se escabulle dejando una hilera de carcajadas burlonas.
Tiene la impresión de que el resto no ve lo que él percibe, es como si no tuvieran ya tiempo ni para pensar más allá… o ganas. Es como si dentro de esa vorágine diaria, sucumbieran a ella sin poder zafarse y salir fuera para ver esas necesidades que seguramente su alma vocifera pataleando en espera de ser escuchada.
“Claro,”- pensó el joven - “cuando el alma se desgañita, empieza a marchitarse como las flores ante el frío invernal, así ya no sienten este vacío.”
Se dio cuenta de que a él no le ocurriría eso, él era lo que a partir de ahora llamaría un Buscador: buscaba dentro de él aquello de lo que estaba compuesto, aquello que intentaba brotar de forma natural desde dentro hacia fuera. La sensación de vacío es debida a que no es fácil dejar brotar espontáneamente aquello que surge de uno cuando las obligaciones, cuando la vida diaria e impuesta, ocupa la mayor parte del tiempo. Es difícil acallar esa hambre mientras se intenta encajar en el sistema. Y no se volvería un Conformista, como aquél que se resigna a aquello que considera su supuesto sino, sin siquiera permitirse el pensar en dejar salir aquella necesidad espiritual con la que todo ser humano nace, cambiando sus principios por los principios enseñados, haciendo suyas supuestas metas que toda persona debe ansiar (ser rico, poderoso, tener un puesto más alto en el trabajo…) sin darse cuenta de que no está siguiendo El Camino, aquella senda potencial que estaba destinado a recorrer negando así su verdadero sino. Sabía que no sería fácil, y que el trayecto resultaría amargo, pues aquél hambre posiblemente solo se acallaría completamente con la muerte, pero… ¿de qué servía entonces estar vivo?
“Sería mejor que me lo tomara todo con más calma.”
Y así fue como pilló unos días de vacaciones, sacó un viejo cuaderno de los que usaba cuando estaba estudiando y comenzó a escribir. Desde dentro hacia fuera. Trazando su Camino reencontrado, ese que le había elegido y que en el albor de la Creación, ya estaba ahí desde antes de que naciera el Tiempo.
jueves, 13 de noviembre de 2008
Viaje sonoro
(Imprescindible una preparación previa a la lectura. Déjense los pensamientos diarios aparcados en una calle circundante allá donde no llegue la vista. Desnude su mente y deje el canal libre de todo obstáculo. A ser posible usar mejor unos buenos auriculares aunque esto no es imprescindible. Pulse el “play” y suba el volumen a la intensidad adecuada. Ahora, respire profundamente durante 20 - 25 segundos y déjese simplemente llevar.)

Es entonces cuando las ondas sonoras entrar en un fluir continuo a través de la cabeza inundando cada centímetro de piel. Se extiende y a cada cambio de ritmo, a cada frase de la melodía, a cada nuevo estímulo, el cuerpo reacciona entrando en estados distintos.
A veces parece que tu cuerpo esta como dormido, que todo evento externo es amortiguado por un colchón invisible que te envuelve. Acaríciame y apenas sentiré nada. Los sentimientos están dormidos bajo la piel. Estás dormido bajo tu propia piel insensibilizada.
Borbotones ordenados, ondulantes, de vibraciones que se transforman en colores, colores que se transforman en sentimientos a través de un nuevo canal de comunicación, de un sexto sentido.
¿Notas esa presión en el pecho? ¿Notas como te trasporta? Abre tu mente un poco más…
Y el frescor invade el cuerpo antes dormido… Ahora todo se ve con los ojos de nuestro niño interior tan capaz de sentir y asombrarse. Todo está a flor de piel y tienes ganas de llorar para liberar esa tensión que se acumula en el pecho en un estallido de color.
(Y es que este sentimiento, una de las pocas cosas que me lo producen es escuchar música, como en este caso me ha pasado con Jeff Buckley. Gracias, Nébula, por descubrírmelo… un poco tarde por que ya no está para poder escucharlo en directo, pero justo a tiempo para volver a sentir estas extrañas e intensas sensaciones)

Es entonces cuando las ondas sonoras entrar en un fluir continuo a través de la cabeza inundando cada centímetro de piel. Se extiende y a cada cambio de ritmo, a cada frase de la melodía, a cada nuevo estímulo, el cuerpo reacciona entrando en estados distintos.
Sensaciones.
A veces parece que tu cuerpo esta como dormido, que todo evento externo es amortiguado por un colchón invisible que te envuelve. Acaríciame y apenas sentiré nada. Los sentimientos están dormidos bajo la piel. Estás dormido bajo tu propia piel insensibilizada.
Y entonces… consigues dejarte llevar.
Y entra a borbotones.
Borbotones ordenados, ondulantes, de vibraciones que se transforman en colores, colores que se transforman en sentimientos a través de un nuevo canal de comunicación, de un sexto sentido.
¿Notas esa presión en el pecho? ¿Notas como te trasporta? Abre tu mente un poco más…
Trance.
Y el frescor invade el cuerpo antes dormido… Ahora todo se ve con los ojos de nuestro niño interior tan capaz de sentir y asombrarse. Todo está a flor de piel y tienes ganas de llorar para liberar esa tensión que se acumula en el pecho en un estallido de color.
(Y es que este sentimiento, una de las pocas cosas que me lo producen es escuchar música, como en este caso me ha pasado con Jeff Buckley. Gracias, Nébula, por descubrírmelo… un poco tarde por que ya no está para poder escucharlo en directo, pero justo a tiempo para volver a sentir estas extrañas e intensas sensaciones)
domingo, 9 de noviembre de 2008
Tal día como hoy
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


