Paseando por las callejuelas iluminadas con luces de neón azul, paseando por oscuros y tortuosos caminos de lo cognitivo. Pudiendo desviarse a sendas de lo irracional.
Espera paciente el personaje enano y deforme que le cogerá de la mano para llevarla a las profundidades avísales que suele frecuentar cuando necesita respuestas…
Ahí esta, enmarcado por duras sombras en su rostro, le tiende la mano y ella se prepara para ver aquello que le tengan que mostrar sus ojos.
Bajando por unas escaleras situadas en el fondo del callejón, la luz se vuelve más clara hasta sobrepasar los límites de la puerta del local.
Ahí la oscuridad solo rota por destellos de luz roja muestra siluetas que se envuelven en parejas en un hipnótico baile de placer, uniéndose las sombras en una y volviendo a separarse, como bailan las llamas sobre la madera incandescente reflejada en la pupila del que mira.
Y se respira frenesí.
Entrando en trance bailan rítmicos bajo una música primitiva.
Sintiendo la parte más primaria.
Despierta tumbada en la cama con sábanas de raso, mientras los primeros rayos de sol se cuelan por el amplio ventanal. Ahí está él.
No te vayas todavía, aún hay tiempo para un café…







