Reflejos en un Cristal Roto



Pajas mentales de una ciudadana del mundo

miércoles, octubre 21, 2009

 

Todos los gatos van al cielo


Un trueno demasiado cercano tronó e, instantáneamente, al gato blanco se le arqueó el lomo totalmente erizado.

Fussssssssssssh!

El torrente de agua tormentosa resbala formando amplios riachuelos por la ventana. En esos momentos el mayor placer consiste en acurrucarte bajo el brasero, asomando tan solo la cabecita mientras el mullido sofá te envuelve de manera casi protectora.

“Nunca fui amiga de ruidos fuertes… se me abren mucho los ojos, se me arquea el lomo y…”

¡Fusssssssssh!

Zarpazos ficticios intentando recuperar la Tranquilidad y la Paz…

“Quizás en mi vida anterior fui monje budista… o monja de clausura. ¿Te imaginas? Haciendo bizcochitos y rosquillas aderezados con silencio y paz.”

¡Chash, Chash! reza el mechero mientras prende un cigarrillo… el humo asciende envolviendo la lámpara, burda imitación de la nube que encapota el cielo.

“¡Bah! No tiene sentido pensar quién fui si no sé realmente quién soy… pregunta que parece predestinada a prolongarse hasta el último día…”

Sube el gato en el regazo, se hace una rosquilla y ronronea y duerme… el susto de antes yace en el olvido. Solo importa el presente y el ahora.

“Ojala hubiera nacido gato…”

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sábado, agosto 15, 2009

 

La pálida luz azul (II)

Despertó terriblemente fatigado. Otra noche turbulenta de sábanas revueltas y aquel sueño perturbador que no le dejaba descansar.

Se lavó la cara con agua fría y al mirarse al espejo vio su rostro demacrado de perforadas ojeras que enmarcaban unos ojos rojizos.

Lo peor... aquella pesadilla reiterativa estaba afectando su vida. Sus amigos lo miraban extrañados por su comportamiento fuera de lugar. Su novia sufría con sus accesos de mala leche y su bordería incipiente. Esto tenía que acabar.

Así fue como planeó acabar con ese ser maldito: en un arranque de decisión y aplomo trató de usar la violencia contra él, pero, sin saber cómo, terminó bailando un vals, agarrados, girando caleidoscópicamente, mientras se superponía música festiva y popular con una risa abisal proveniente de aquel ser... pero no de sus cuerdas vocales, si no del estómago como muestra de gran habilidad ventrílocua.

Giraban y giraban, una vuelta tras otra y el horror iba "in crescendo". Vuelta tras vuelta, cada vez más rápido, mientras los rasgos del ser se iban difuminando por la velocidad hasta que solo se percibía un borrón blanco...

... y después, La Nada, el tenue resplandor de una luz ausente de color que lo cubría todo.

Fue un instante de cuya intensidad surgió una vida entera. Luego, volvieron las imágenes.

El ¿sueño? estaba pintado con recuerdos de su niñez. Estaba en el campito verde de al lado de la casa de su abuelo, que vivía en un pequeño pueblo apartado. A su lado estaba Sara, tan bonita como siempre, con sus bucles de cabello rubio reposando sobre los hombros y los labios suavemente rosados, evocando una imagen de inocencia y juventud. No debía sobrepasar los ocho años. Estaba tejiendo una corona de vinagretas bajo un día azul de primavera. Él la miraba con ojos de niño que había descubierto el primer amor. A esa edad los sentimientos son puros y cristalinos como el agua del arroyo que circulaba cerca y cuyo rumor acompañaba en todo momento a la escena.

Por un instante le impresionó el color, todo era muy radiante y vivo, lleno de contrastes como el sentir durante aquella edad.

- De mayor seré princesa y llevaré una corona de las de verdad.- dijo Sara con cierto tono repipi mientras se ponía las flores tejidas sobre su cabeza.

- Cuando seamos mayores, Sara, yo seré príncipe y te construiré un castillo de altas almenas donde vivirás conmigo como princesa.

Sara rió traviesamente: "¡Tonto! Los príncipes ya no viven en castillos".

La imagen se apaga y es sustituida por otra: ahora Sara tiene 14 años y su figura comienza a tener formas de mujer. Tan radiante como el sol, iluminando la oscura noche, le dedica una sonrisa para proseguir diciendo:

- Sabes que mañana me voy, comienzo el instituto y mis padres piensan que es mejor que esté en un internado. Se supone que tiene mucho renombre y que me abrirá las puertas en el futuro.

- No te vayas, Sara, quédate aquí si es lo que quieres, nadie tiene derecho a manejar tu vida, ¿quién se creen para decidir por ti? - contesta en un acceso de pueril rebeldía.

- La vida no es tan simple, no siempre se puede hacer lo que uno quiere, a menudo se debe hacer lo que te dicen que hagas aunque no sea como pensabas. ¡No queda otra!

Fundido en negro.

Se encuentra en un andén un día casi otoñal, esperando al tren que le llevará a la ciudad donde comenzará los estudios de su carrera. Los colores han cambiado, ahora es todo más monótono y tirando a gris. Siente un halo de intranquilidad no muy perceptible pero que clama desde muy profundo, como un grito que se apaga debido a la distancia. Su madre le ha convencido de que lo mejor era estudiar derecho, que su tío Fran tiene un próspero bufete donde, con el tiempo, podrá llegar muy alto. Pero la verdad es que no está muy seguro de querer ser abogado... bueno, no está muy seguro de nada, salvo de la paz que siente cuando pasa horas contemplando la naturaleza, y dejar que su mano fluya, pincel arriba, pincel abajo, sobre el papel. "Pero eso no da de comer", sentencia la voz de su madre en su cabeza.

Despertó del sueño muy aturdido, algo liberado, pero muy aturdido. Se levantó de la cama y subió las persianas, había mucha luz y el bullicio de los coches por la gran avenida insinuaban que llegaría tarde al bufete. Ante la realidad, no podía deshacerse de la sensación que le embargaba... que su supuesta vida feliz no era más que papel maché.

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domingo, julio 26, 2009

 

Incisos

Después de meses desaparecida en combate, vuelvo, o esa es mi intención si el tiempo deja de jugar en mi contra. Tan rápido y fugaz.

En estos meses me han surgido cambios que obligaban a un inciso en algunas facetas de mi vida. Mi faceta deportista, mi faceta bloguera, etc...

Me he vuelto a mudar, a una casa que estaba vacía y que he tenido que acondicionar, acondicionando a su vez una nueva etapa en mi vida, acompañada.

A parte, algo que parecía imposible, ha sucedido... me he sacado el carné de conducir. Tengo mi L... sudor que me ha conseguido y dos exámenes prácticos...

Volveré con la segunda parte del relato... que tengo escrito y guardado para la ocasión.

sábado, enero 17, 2009

 

La pálida luz azul (I)


Por las noches se despierta empapado de sudor. De ese sudor frío que hace que se peguen la sábanas al cuerpo. Es incómodo, despertar de este modo junto con el regusto amargo de las últimas imágenes del sueño que le hizo gritar y abrir los ojos.

Siempre igual. Su cuarto oscuro y con una niebla ligera. No consigue enfocar bien la vista pero se levanta de la cama y sale de su cuarto guiado por esa tenue luz mortecina que se cuela através del pasillo en dirección al salón. Anda hacia la luz pero el camino es demasiado largo, y lo que debiera ser una línea recta, se torna en espiral. Levemente se percibe una especie de zumbido. Cuando por fin gira la esquina que da al salón, ahí esta él... su silueta vestida con traje de chaqueta recorta la luz azulada y enfermiza, mientras el zumbido que antes apenas era audible penetra en el oído como una daga punzante directa al cerebro. La siguiente imagen es un primer plano de la cara del ser. No tiene ojos ni nariz, tan solo se intuye una especie de abertura antinatural donde supuestamente estaría la boca.

"Cuándo esperas sacarme a bailar?"

Y entonces es cuando la inquietante figura empieza a contornearse arrítmicamente, usando de forma irreal las articulaciones, doblándose hacia los lados y en círculos bajo una melodía de flautas absurda y lejana que debe llegar de esas profundidades abisales conocidas como el infierno.

Ahí no puede más y el horror le hace, gracias a dios, despertar de esa abominable pesadilla.

...

Fran lleva una vida tranquila, nada fuera de lo convencional, sin demasiadas complicaciones. Tiene un trabajo estable medianamente bien pagado y una novia que lo quiere mucho. Dentro de un año se casan, así lo han decidido. Diría incluso que su estado se puede catalogar como "felicidad"... pero cuando llega la noche tiene miedo de ir a la cama. Siente ese algo que da escalofríos ahí, en la nuca, mientras se va poniendo el pijama y acurrucándose en la cama.

"Eso me pasa por irme a vivir solo, cuando la noche cae es fácil sugestionarse."

Pero por mucho que trata de convencerse, estas palabras dichas a sí mismo no le ayudan demasiado, y noche tras noche se repiten esas imágenes, siempre las mismas, y noche tras noche se despierta empapado en sudor con el terrible presentimiento de que algo falla.

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viernes, diciembre 12, 2008

 

El Camino


Llevaba ya un tiempo sintiéndose extrañamente vacío. Por las mañanas despertaba como con el pecho hueco, repleto tan solo de una negrura inconmensurable. Es joven aún, pero en el paso de estos últimos años, el hueco se siente cada vez más como una punzada… cada vez más intensa.

Todos los días dedica un rato para preguntarse qué es aquello que le falta, que es aquello qué le hace sentir así. Mira a su alrededor y se pregunta si el resto siente lo mismo que él pero en sus ojos no ve la respuesta. No sabe si les pasa que en la rutina del día a día se siente como el alma se revuelve dentro, incómoda por estar sintiendo que se pasan las horas sin aprovechar, vacías, huecas como ese agujero que tiene en su pecho, y todo a pesar del ritmo frenético declarado abiertamente en su entorno, a pesar de su trabajo que le absorbe pero que a cambio no le da nada que le haga sentir satisfecho, a pesar de esas tardes disfrutando del ocio enlatado del que nos abastece la gran ciudad, aquello supuestamente divertido que, en contraposición, le hace sentir como tiempo que se escabulle dejando una hilera de carcajadas burlonas.

Tiene la impresión de que el resto no ve lo que él percibe, es como si no tuvieran ya tiempo ni para pensar más allá… o ganas. Es como si dentro de esa vorágine diaria, sucumbieran a ella sin poder zafarse y salir fuera para ver esas necesidades que seguramente su alma vocifera pataleando en espera de ser escuchada.

“Claro,”- pensó el joven - “cuando el alma se desgañita, empieza a marchitarse como las flores ante el frío invernal, así ya no sienten este vacío.”

Se dio cuenta de que a él no le ocurriría eso, él era lo que a partir de ahora llamaría un Buscador: buscaba dentro de él aquello de lo que estaba compuesto, aquello que intentaba brotar de forma natural desde dentro hacia fuera. La sensación de vacío es debida a que no es fácil dejar brotar espontáneamente aquello que surge de uno cuando las obligaciones, cuando la vida diaria e impuesta, ocupa la mayor parte del tiempo. Es difícil acallar esa hambre mientras se intenta encajar en el sistema. Y no se volvería un Conformista, como aquél que se resigna a aquello que considera su supuesto sino, sin siquiera permitirse el pensar en dejar salir aquella necesidad espiritual con la que todo ser humano nace, cambiando sus principios por los principios enseñados, haciendo suyas supuestas metas que toda persona debe ansiar (ser rico, poderoso, tener un puesto más alto en el trabajo…) sin darse cuenta de que no está siguiendo El Camino, aquella senda potencial que estaba destinado a recorrer negando así su verdadero sino. Sabía que no sería fácil, y que el trayecto resultaría amargo, pues aquél hambre posiblemente solo se acallaría completamente con la muerte, pero… ¿de qué servía entonces estar vivo?

“Sería mejor que me lo tomara todo con más calma.”

Y así fue como pilló unos días de vacaciones, sacó un viejo cuaderno de los que usaba cuando estaba estudiando y comenzó a escribir. Desde dentro hacia fuera. Trazando su Camino reencontrado, ese que le había elegido y que en el albor de la Creación, ya estaba ahí desde antes de que naciera el Tiempo.

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jueves, noviembre 13, 2008

 

Viaje sonoro

(Imprescindible una preparación previa a la lectura. Déjense los pensamientos diarios aparcados en una calle circundante allá donde no llegue la vista. Desnude su mente y deje el canal libre de todo obstáculo. A ser posible usar mejor unos buenos auriculares aunque esto no es imprescindible. Pulse el “play” y suba el volumen a la intensidad adecuada. Ahora, respire profundamente durante 20 - 25 segundos y déjese simplemente llevar.)






Es entonces cuando las ondas sonoras entrar en un fluir continuo a través de la cabeza inundando cada centímetro de piel. Se extiende y a cada cambio de ritmo, a cada frase de la melodía, a cada nuevo estímulo, el cuerpo reacciona entrando en estados distintos.

Sensaciones.

A veces parece que tu cuerpo esta como dormido, que todo evento externo es amortiguado por un colchón invisible que te envuelve. Acaríciame y apenas sentiré nada. Los sentimientos están dormidos bajo la piel. Estás dormido bajo tu propia piel insensibilizada.

Y entonces… consigues dejarte llevar.
Y entra a borbotones.

Borbotones ordenados, ondulantes, de vibraciones que se transforman en colores, colores que se transforman en sentimientos a través de un nuevo canal de comunicación, de un sexto sentido.

¿Notas esa presión en el pecho? ¿Notas como te trasporta? Abre tu mente un poco más…

Trance.

Y el frescor invade el cuerpo antes dormido… Ahora todo se ve con los ojos de nuestro niño interior tan capaz de sentir y asombrarse. Todo está a flor de piel y tienes ganas de llorar para liberar esa tensión que se acumula en el pecho en un estallido de color.

(Y es que este sentimiento, una de las pocas cosas que me lo producen es escuchar música, como en este caso me ha pasado con Jeff Buckley. Gracias, Nébula, por descubrírmelo… un poco tarde por que ya no está para poder escucharlo en directo, pero justo a tiempo para volver a sentir estas extrañas e intensas sensaciones)

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domingo, noviembre 09, 2008

 

Tal día como hoy

Tal día como hoy salió un ruiseñor a cantarle al sol naciente.


Tal día como hoy los rayos de ese sol tiñeron de color el angosto y lúgubre camino transformándolo en un agradable paseo a la rivera del río.


Tal día como hoy… una niña comenzó a sonreír.


jueves, octubre 23, 2008

 

¿Dónde quedó la magia?

La época de la niñez impregna el mundo de magia, mientras una mariposa revolotea desprendiendo polvo de hada de sus alas, que cazan ansiosos pequeños goblins salidos de la maleza con una red y un cubo en sus manos.

Nerei corre por el jardín con su vestido preferido, ese que tiene tan parecido al de su mamá, azul, de tirantas, que siempre está pidiéndole que se lo ponga a la vez que ella. Va en dirección a los columpios, con la intención de llegar esta vez a las nubes blanditas. El otro día se quedó muy, pero que muy cerca y pensaba que esta vez lo conseguiría si tomaba un poquito más de impulso. A ella le gusta sentir el viento dándole en la cara mientras toma velocidad, a esa edad, todo parece más real: los colores son más vivos y las sensaciones también; todo se vive con más intensidad antes de que el mundo se cubra con el velo que tienen en sus ojos los adultos, aquél que adormece los sentidos y que hace que la realidad sea como un sueño, en vez de que los sueños sea pedazos de realidad.

Nerei se baja del columpio, tampoco hoy a llegado a alcanzar las nubes… debe ser que es pequeña y aún tiene que crecer para ganar fuerza. Así que decide ir a buscar vinagretas, para hacer un collar con estas flores mientras chuperretea alguno de los tallos. En la recolección puede ver como hilos de hormigas llevan su alimento hacia su casita, admirada por la coordinación que tienen entre ellas, como si fueran partes de un único ente. El jardín es un amplio universo aún por descubrir.

Le gustan las puestas de sol, por los colores que se despliegan en el cielo, rojos y anaranjados sobre azul intenso, y piensa en lo grande que es todo, en la cantidad de rincones que le quedan ocultos, y en la magia que rodea a cada uno de esos rincones.

Es la época en la que todo es posible, donde la línea entre realidad y ficción aún no está definida, en la que los reyes magos existen, las hadas se camuflan en la maleza y las brujas acechan a las victimas que serán ingredientes para sus pociones que elaboran en enormes calderos humeantes y burbujeantes.

Leyendo: Alicia en el pais de las maravillas – Lewis Carroll.

jueves, octubre 16, 2008

 

Pérdida de fe



Cuando se pierde la fe en el Hombre se nota como un vacío se extiende por dentro, como la oscuridad de la noche que cubre el cielo diurno. Se siente como una bella flor se marchita, pero lo que la marchita no es el paso del tiempo, si no el paso de acontecimientos que van poniendo mustios los pétalos de esperanza que germinaban.

Esperanza de que el Hombre sería capaz de superar su torpeza, de superar sus complejos, de integrarse con el todo en vez de sucumbir al egoísmo y sentirse centro del universo (qué de miles de millones de centros del universo habría si no solamente en el planeta tierra)

Día tras día veo como mucha gente tiende a llenarse la barriga hasta vomitar aunque eso conlleve la muerte de unos cuantos. Día tras día veo una carnicería humana, donde unos depredadores caníbales devoran, mientras carcajean, la vida de los que quieren vivir en el respeto mutuo tan solo por conseguir más. Y lo peor, que mucho de esos depredadores tienen poder.

Poco a poco voy siendo consciente de que, mientras más me esfuerzo por intentar cambiar al menos la situación que me rodea, a la que tengo acceso, más llama a mi puerta el fantasma de la decepción. Y mientras un estado melancólico hacia eso que hubiera podido ser y que no es, hacia lo que había depositado mis esperanzas y mis fuerzas con afán de conseguir crecer en ciertos aspectos desde que era un moco, son lanzados por tierra por esas semillas contaminadas.

La desesperanza se hace muy presente, tan presente que me absorbe y no me deja escribir, como si tuviera un nudo en la garganta constantemente. Y yo, como otras veces, lo que quiero es GRITAR. Gritarle al mundo como si quisiera que despertara. Pero solo conseguiría desgañitarme… y quizás, soy yo quien debe despertar.

Llegado un punto, cuando una parte de mi realidad (la de mariposas y flores y piruletas y arco iris donde me gusta vivir) se desmorona a migajas, me pregunto, ¿y ahora qué?

Y me siento en la encrucijada intentado vislumbrar EL camino.

jueves, septiembre 18, 2008

 

Relatos Cortos

Huída

“Anoche, cuando la luna ya había pasado por su cenit, entre sueños y divagaciones, lo decidí.

Harta de la monotonía del sin sentido que la vida me parecía, estaba dispuesta a escapar de la realidad auto impuesta por ésta, nuestra sociedad.

Días de hastío en el trabajo… espera, que digo días, semanas, meses… algo más de un año, merman poco a poco el ánimo, al igual que el viento y el agua erosionan la roca desnuda. Y no sólo el trabajo… nada que hacer interesante en el tiempo libre… la ciudad muere entre muestras de catetismo exacerbado, dónde lo máximo a lo que aspira la noche es a ver una película de guión carcomido destinada a drenar tu cerebro… o ir a un local de moda dónde la música cuadriculada y de patrones estudiados para su simplicidad, vuelven simples los cerebros. Vivimos girando en un torbellino de embrutecimiento colectivo cuyo vórtice termina con toda individualidad y autenticidad.

¿Tan raro es querer pensar? ¿Tan raro es querer evolucionar y no contentarme con tener para llenarme la barriga? No soy un animal… bueno, si lo soy, pero, por desgracia, se me bendijo con el “don” de la conciencia de uno mismo y con el raciocinio.

¿Y si a un animal pensante se le capa la capacidad de pensar? ¿Qué nos queda? Algo así como un ser alienado de si mismo… Si tuviera consistencia, sería algo así como una vulva negra andante y gelatinosa.

Anoche, en estado de duermevela, brotó la inspiración: he encontrado el camino para no pudrirme, para desgarrar las cadenas que me ligan a esta manera de vivir socialmente impuesta.”

Así terminaba la carta de Ana. Junto a ella se encontraba su piel desnuda. La había dejado al borde de la cama como si de un pijama se tratara. De algún modo, sí, se puede decir que debía haber trascendido. Nadie supo jamás a donde se habría dirigido… Toda búsqueda fue infructífera.

-Claro, si lo piensas, - dijo Juan saliendo de su meditación – seguramente no estemos buscando en el plano correcto. Quizás ya no pertenezca al plano que nosotros conocemos y esté fuera del alcance de nuestra visión.